septiembre 18, 2009

FRAGMENTO 2

"Hanged Man" - Jeffrey Micheal Harp


FRAGMENT0 2


La música inesperada combinación de notas modulaciones tonos y movimientos cromáticos cobró un valor desconocido goce ruptura abandono sublime el recuerdo de tardes sobre el piano abismo el lecho de un asesino lluvia miserable su pene duro malos tiempos aquellos juan diego los de mi madre y el olor a pantanos sobre mis hombros hank buen tipo debiste conocerlo para qué afanarse sólo es la muerte selva furiosa sus muslos río avasallante nicole estropicio del viento ausencia extraña sensación de pesadez no me simpatiza mmm mmm no te apresures en hacérmelo sentir papi qué desespero tus zancadas de condenado cambiando cien veces un compás escribiéndolo borrándolo perseverancia de tus manos sobre la misma página descenso sensibilidad al desnudo estoy mal papi quiero decírtelo martín pescador en la tarde triste nicole no te conozco no te recuerdo maldición te quiero sabes juan diego perdóname mi alma aquí la tienes tómala dios para qué aplazar el momento de la agonía estoy bien papi my own worst enemy tema nocturno transición armónica rápida en crescendo juan diego sentido genial del efecto del afecto es lo mismo no te confundas es tiempo literalmente caído del cielo mi vida estoy encinta cuidado una niña jaguar lamenta su trampa la hermana sanalfonso vigila mis piernas pabellón inmarcesible papi si supieras fui la mejor de mi clase no despiertes sueño el destino políglota en los senos del pico agorero vino nocturno mi pequeña colegiala sobre el pentagrama quiero verte george eunuco no insistas vete con ella arrastra una cometa lejos de mi patroclo no excluyas la esperanza verdugo el tiempo que olvida sus límites música refinamiento de la huída muerte sin flores por la que ha valido la pena vivir pero no estoy muerto ni vivo estoy recordando mi destino inevitable desenlace era la única forma de salvar su vida y la del bebé que estaba esperando la música en mi cabeza como un fantasma que arrebata la luz de la noche es más segura la muerte que la vida cielo perdóname lo sabía bien desde el principio el padecimiento sin estrellas la inmortalidad es un animal incierto fermentación que se atraganta sin limitaciones no me simpatiza mmm mmm qué puedo darte tu alma ah ya comprendo aquí tienes la música moribunda mesalina delicada ven paul mi tesoro atrapado en un piano sin interrupciones hazme el amor cubierto por la brisa marina construyendo una fortaleza con las risas de los duendes ebrios silvestres en la playa entregada a rumores salinos el amor brebaje asmático vigilante nicole extinguiéndose entregada a su demonio apasionado todavía la vida misma multiplicando su deseo que no puede regresar miserable la muerte de dios que esconde el momento de su gracia olvídate hice lo posible para disimular la ausencia de tu madre tierra traicionera te quiero tanto me dueles tanto soy padre madre dios crucificado según yo entiendo hermana sanalfonso reliquia divina los saltamontes en sus senos húmedos esas gentes eran menos reales que sancho panza no podía ser diferente todo huele mal después de la medianoche a veces más lejos paul me gustan tus manos geografía de piel que brilla luz pálida en el balcón piedras aleros que lloran no es ella quien mira soy yo el que no puede evitar sus ojos mientras se adentra por las líneas de mi destino trazado con fuerza en mi mano papi camino por la línea de la muerte me asomo a la cresta de un acantilado mis cabellos flotan iluminados por la sangre de un hombre colgado ojala que te vaya bonito crucificado en la línea de la muerte pero también de la vida que lo invade todo mi voz sobre la línea del corazón cuerpo voluptuoso delineando las formas de una fruta viva sin reservas tus rodillas tocando cada extremo del mundo rico profe por ahí sí no me simpatiza mmm mmm una sirena que agoniza en el lavamanos de un cuarto de hotel y canta una vieja tonada paul manos rosaditas pepas rosaditas boca rosadita de niña comiendo helado de coco cansado bicicleta con la cadena suelta risa suspendida en la niebla sin vida la casa abandonada sobre la colina con los ojos cerrados como una gallina en una rama la tristeza guardada en los guardarropas entre los tablados montesquieu apasionado por el estudio de las ranas y los patos ovnis enemigos los muros de azogue paul dejaste la llave prendida en la chapa abandonada a los murmullos lo mató el tiempo no iba caminando pero estaba muerto por la ausencia no llevaba una rosa roja en sus manos en todo caso cuando se fue ya estaba muerto no me simpatiza mmm mmm construcción triste sucia derrotada por la soledad con el pasto invadiendo los corredores y el primer piso confundiendo sus tallos con las víboras pobre infeliz el abandono saliendo por las ventanas único rastro vital el agua limpia de la fuente sobre la mayólica del patio capa acuosa verde de nostalgia quise mirar bien esa línea de mi mano antes que declinara la noche en el horizonte se presentía la cabellera brillante de un sol jovencito patroclo tan valiente tan joven tan fuerte los caballos de aquiles lloran su naturaleza inmortal enfurecida ante esa obra de la muerte per me si va ne la città dolente per me si va ne l'etterno dolore per me si va tra la perduta gente verlaine bebe brandy su adolescente profetiza el olvido pantomima de esclavos mentirosos los ojos de la hermana sanalfonso mirándome no me simpatiza mmm mmm una ceiba intemporal árbol perteneciente a otra edad del mundo otros dioses gustadores de gigantes y dentro algo le dice que ella no es lo que cree que es hello baby hello brad el repique de los campanarios descansará primero descansará t s eliot aficionado a escribir la suerte cuídese papa doc pues el llanto se acaba la imaginación el hábito de creer en el mundo demente alimentado con pan francés cierra las puertas de tu rostro nicole para que no digan luego que aquella sirena enamorada fuiste tú mezcla de luna atmósfera íntima nuestro corazón cometa arrollada por la tarde ya completamente desnuda ahora soy tuya paul toda tuya y su voz venía de muy lejos cargada con la furia de vientos vírgenes kápax asoma su melena mojada de río caudaloso nunca había visto a una mujer tan bella juan diego perdóname te remuerden los días te culpan las noches te duele la vida tanto tanto no me simpatiza mmm mmm la casa abandonada es deprimente el piano samsa con la manzana en el lomo huyendo de la luz la partitura limpio trazo delicado música blasfema nena no te dejes mirar general leonidas trujillo desesperada fuga la playa plegada de manera tal que una parte sube en ángulo a donde murieron las risas último abrazo que se repite en espiral sentida agonía tu pipa abandonado cuerpo asediado por la diarrea octava plaga que no llegó a egipto confesionario inmerso en coma teológico intermediario posible para llegar hasta un dios imposible sobresalto del cristo que llora sin entender al muerto enamorado de frente de costado o de pie aunque no tanto mario vargas llosa salvo excepciones somos la gente de los que tus papás te previnieron nena velocidad máxima 15 km por hora el colegio y casa de ejercicios santa ágata halcón celestial recoge la parte equivalente hombre hay niños en la vía cómo se le ocurre incluir tantos movimientos y una coda no corresponde no me simpatiza mmm mmm el frasco de pepitas azules y rosaditas al lado de tu cama pepita no es un nombre tu cuerpo sangrante sin cuerno sin alas en la avenida expuesto a la risa de carlos los transeúntes que cuentan historias de troya schumann salió de su casa rumbo al manicomio y se arrojó al rhin quieto apacible grave y valiente como un viejo dios germano que ha comido del árbol del conocimiento y ahora es como uno de nosotros sabiendo el bien y el mal que no alargue su mano y tome también del árbol de la vida y coma y viva para siempre el cónsul asesino invisible al oriente del huerto con una espada encendida guardando el camino hacia el árbol carnal y generoso para que nadie huya de su destino no me simpatiza mmm mmm el hijo del hombre se va pero tú esperarás a que vuelva poema de la muerte que ha nacido triste sonata capricho del infierno.


Derechos reservados
© Carlos Castillo Quintero

septiembre 03, 2009


Contra el agua, días de fuego.
Contra el fuego, días de agua.

Octavio Paz, Calendario.


Por: Carlos Castillo Quintero

A partir de 1915 Mariano Azuela, médico militar de las fuerzas revolucionarias de Julián Medina, comenzó a publicar por entregas su novela Los de abajo, reunida como libro hacia 1917. Se inicia entonces lo que se ha llamado la novela de la revolución con gran auge a partir de 1931 con Vámonos con Pancho Villa la primera novela de Rafael Muñoz y La asonada de José Mancisidor, pasando por obras fundamentales como Memorias de Pancho Villa (1940) de Martín Luis Guzmán y Se llevaron el cañón para Bachimba (1941) de Rafael Muñoz; hasta llegar a novelas contemporáneas como Pedro Páramo (1955) de Juan Rulfo y La muerte de Artemio Cruz (1962) de Carlos Fuentes, entre muchas otras. En estas novelas los escritores mexicanos dan razón de lo que pasó en su país durante las tres décadas de la dictadura de Porfirio Díaz; del desarrollo del movimiento revolucionario iniciado en su contra en 1910 con figuras míticas como Francisco Madero, Pancho Villa o Emiliano Zapata y, finalmente, sobre lo sucedido después de 1917 con la promulgación de la Constitución Revolucionaria que aún hoy tiene vigencia (1).

Sesenta años después de la revolución, en 1981, Carlos Fuentes publica Agua quemada, cuarteto narrativo (2) libro en el que enfrenta al pasado con el presente de la sociedad mexicana, en un juego de espejos fraccionados que ya antes había manejado con maestría. El cuarteto lo integran los relatos “El día de las madres”, “Estos fueron los palacios”, “Las mañanitas” y “El hijo de Andrés Aparicio” que responden a una estructura de filigrana en donde la línea vital de los personajes en ocasiones se entrecruza y en otras mantiene una paralela que configura el espacio de las acciones, constituyendo un corpus narrativo que algunos estudiosos han clasificado como novela (3). Así, el general Vicente Vergara del primer relato, paga la renta de doña Manuelita su antigua sirviente y personaje del segundo; Federico Silva, el aristócrata del tercer relato, es el casero de doña Manuelita; y en el último relato el abuelo de los Aparicio, don Bernabé, se devela como el antiguo ayudante de campo del general Vergara.

Por su riqueza literaria y su vínculo directo con la novela de la revolución, vamos a ocuparnos de “El día de las madres”, el primer relato del libro. Allí se reúnen tres generaciones y con ellas a gran parte de la sociedad mexicana del siglo XX representada por el general Vicente Vergara, veterano de las guerras revolucionarias; por su hijo el licenciado Agustín Vergara, aristócrata de una clase social emergente; y por Plutarco Vergara, el nieto, niño rico asiduo de casas de putas, quien es el narrador y relata desde un presente que dista algo más de una década del presente de la narración, pues cuando se dan los hechos tiene 19 años y cuando los narra ya ha cumplido 30.

La incomunicación es una constante en los personajes. El viejo general no habla con su hijo Agustín, y éste apenas habla con Plutarco. El general vive en el pasado, en la revolución; el licenciado es un figurín de la escena social de la capital… “un guevón que se encontró con la mesa puesta” (p.21), y el nieto está inmerso en una crisis de personalidad que habrá de llevarlo hacia su “liberación”.

Estos tres varones literarios, representantes del México moderno, jalan el relato con la ausencia total de sus mujeres: la abuela Clotilde “que sí sabía llevar una casa” (p. 40) y Evangelina, la madre de Plutarco, “una huila” que deshonró al hijo del general. La ausencia, “la mutilación”, se convierte entonces en otra constante de este primer relato ─y de todo el libro─ y a ella alude su título: “El día de las madres”, ya que estas madres sólo son una tumba en el Panteón Francés a la que los Vergara llevan flores todos los 10 de mayo.

Pero quizá lo de mayor relevancia en este relato se resuma en el pedimento que el nieto hace al general mientras le ayuda con su baño. Dice Plutarco: ─No quiero quedarme fuera del dolor, abuelo. (p. 26). Ya antes había dicho: ─Me hubiera gustado castrar a alguien, como usted… (p. 23). Así, se configura la infancia de México como nación, y la de otros países latinoamericanos que arriban al siglo XXI con el dolor y la violencia como su herencia natural.

Y es aquí cuando se valida la figura de Pancho Villa, el campesino que se convirtió en caudillo de la revolución. Otro alzado contra la dictadura, contra el Gobierno, el hambre, la injusticia. Doroteo Arango Aránbula quien decidió llamarse Pancho Villa pero que podría haber elegido otro nombre: Naun Briones, el ecuatoriano; Guadalupe Salcedo o Dúmar Aljure, los colombianos; o apodarse El Tilcuate, igual que el revoltoso personaje de Rulfo; o pertenecer a la estirpe condenada de militares tristes que se inicia con Aureliano Buendía. No, se llamó Pancho Villa y hace un siglo viene ganando y perdiendo guerras en todos los países latinoamericanos.

Escuchemos la reminiscencia que el general Vicente Vergara hace de Pancho Villa, y que comparte con su nieto:

«─Óyeme, chamaco, una cosa era Villa cuando salió de la nada, de las montañas de Durango, y él solito arrastró a todos los descontentos y organizó la División del Norte que acabó con la dictadura del borracho Huerta y sus Federales. Pero cuando se puso contra Carranza y la gente de ley, ya fue otra cosa. Quiso seguir guerreando, a como diera lugar, porque ya no podía detenerse. Después de que Obregón lo derrotó en Celaya, el ejército se le desbandó a Villa y todos sus hombres volvieron a sus milpas y a sus bosques. Entonces Villa fue a buscarlos, uno por uno, a convencerlos de que había que seguir en la bola, y ellos decían que no, que mirara el general, ya habían regresado a sus casas, ya estaban otra vez con sus mujeres y sus hijos. Entonces los pobres oían unos disparos, se volteaban y miraban sus casas en llamas y sus familias muertas. “Ya no tienes ni casa, ni mujer, ni hijos ─les decía Villa─ mejor síguele conmigo.”» (p. 15).

Mejor síguele conmigo, a ese llamado había atendido el general Vergara durante décadas “pues anduvo con todos y a todos sirvió, por turnos” (p. 16) y a todos sobrevivió. Hombre recio que perdió su fortuna amasada en los tiempos de la revolución por confiar en su hijo, el licenciado Agustín, que cambió la vocación de la tierra y se puso a cultivar amapola, a traficar con heroína, a confiar en los gringos… El general Verga-ra que berreó como un infante al perder su única y quizá última batalla contra la oruga dispuesta que le aguardó durante más de media hora entre las piernas de la Judith, una veterana virgencita de la casa de la Bandida a donde lo llevó su nieto, Plutarco, el mismo que hizo bautizar con ese nombre en honor al jefe máximo de la revolución, don Plutarco Elías Calles, su nieto imberbe que sí se cogió a la Judith, en sus narices, mientras los mariachis entonaban el “Siete leguas”, el caballo más querido de Pancho Villa.

Así, en “El día de las madres”, Fuentes traza el mapa de la sociedad mexicana contemporánea y de “México, ciudad voluntariamente cancerosa” (p. 37).

Se han ganado y perdido batallas, guerras, gentes… Pancho Villa va y viene de un extremo a otro de Latinoamérica y para qué… “como el coño de la puta Judith, que usted ya no se pudo coger y yo sí y para qué, abuelito.”(p. 37).

¿Para qué?

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(1) Esta narrativa tendría su equivalente en la literatura colombiana en la denominada novela de la Violencia, con obras como El Cristo de espaldas (1952) de Eduardo Caballero Calderón, La mala hora (1962) de Gabriel García Márquez, El día señalado (1964) de Manuel Mejía Vallejo y Cóndores no entierran todos los días (1972) de Gustavo Álvarez Gardeazábal, entre otras.

(2) Carlos Fuentes, Agua quemada, F.C.E. México, 1981.

(3) Ver: Marina Gálvez Ácero, Agua quemada, imagen de la desintegración actual de la estructura lógica del proceso histórico-cultural mexicano. En: Anales de literatura hispanoamericana, núm. 13. Ed. Univ. Complutense, Madrid, 1984.



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