enero 09, 2014



SINFONÍA INCONCLUSA
Llegará un día en que lo no hecho
no se hará más
y en que lo no dicho
no se dirá jamás
y la última esperanza se esfumará como música
para siempre.
Tal vez esa mañana hayamos cantado en la ducha
o recibido una carta de amor
y sin embargo, y sin saberlo,
todo será por última vez.
En algún taller habrán confeccionado
la blanca sábana
y blancas rosas estarán a punto
y aquellos a quienes hemos amado
empezarán a olvidar
sin saberlo.
                                                         
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Eduardo Gómez Patarroyo

Nació el 24 de octubre de 1932 en Miraflores (Boyacá - Colombia). Estudió en Alemania literatura y dramaturgia durante 6 años. Fue director de publicaciones en Colcultura, representó a Colombia en un encuentro teatro Latinoamericano en Nueva York, y colaboró como crítico de teatro en el periódico El tiempo. Desde hace más de treinta años es profesor de literatura europea en la Universidad de los Andes. Dirigió la revista Texto y contexto de la Universidad de los Andes. Fue presidente de la sociedad Goethe de Colombia. Ha publicado siete libros de poesía entre 1969 y 2005: Restauración de la palabra, El continente de los muertos, Movimientos sinfónicos, El viajero innumerable, Historia baladesca de un poeta, Las claves secretas y Faro de luna y sol ; y tres libros de ensayo: Ensayos de crítica interpretativa – T. Mann, F. Kafka, M. Proust (segunda edición aumentada) y Reflexiones y esbozos – sobre teatro, poesía y crítica literaria en Colombia. La editorial Libros de la frontera de Barcelona, publicó en al año 2000 una antología, y la editorial Trafo de Berlín editó sendas antologías en 2007, una en español, La ciudad delirante, y otra bilingüe, titulada: Stadt im Fieber.


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Universidad de los Andes
(Entrevista a Eduardo Gómez Patarroyo)
http://www3.uniandes.edu.co/xplorer/especiales/entrevistas/video4-eduardogomez.html#qe


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enero 06, 2014

"Ciudades invisibles - Tumara" - Kastill. Mixta, 2014

POEMA PARA EL GENIO DE LA LÁMPARA

Sobre tus muros, oh Jerusalén, he
puesto guardas…
Isaías 62. 6

…cuando yo muera
de vida y no de tiempo.
César Vallejo


1. ¡Ah!, si el aliento me alcanza y
no me he granjeado el odio de algún Olímpico,
dentro de doscientos doce días cumpliré cuarenta años:
Si llego.
Si la rueda no se atasca.
Si reúno fuerzas…
2. Para echar a andar esta máquina de carne y huesos.
3. Para unir los hilos por donde viaja la memoria.
4. Para estos ojos míos
que cada día inventan la misma calle.
5. Para mis manos que se empeñan en asediar
una infinita hoja en blanco.
6. Para mis labios heridos por la luna.
(Y para que llueva sobre nosotros)

7. Para ver a los amigos, y con ellos
quedarse viendo el naufragio del mar en la noche.
8. Para beber y comer lo que la tierra brinda.
9. Para usar los cubiertos soñados por una princesa
que ya no odia las puntillas.
10. Para llorar como un niño triste, cuando esté triste como un niño.
11. Para envenenarme con el perfume de las muchachas
que entran a la vida con una inofensiva rosa en sus senos.
(Y para tu paraíso)

12. Para ver al hijo del carpintero que regresa de la tienda
con una corona ceñida en su frente,
y atreverme a pedirle fiado a la tendera de ojos celestes.
13. Para conocer a la mujer del médico que no era ciega
y, en la penumbra, beber vino con ella.
14. Para que alguien me explique el embrujo de los toros de lidia.
15. Para cumplir una cita en una calle de Cuba.
16. Para lavarle los pies al viejo Santiago y ayudarle a recoger
su red fatigada por el Gulf Stream.
(Y para que mi piel en tus manos
de otra batalla)

17. Para darme cuenta de que la palabra
es una infiel que enamora muchachos,
y recordar que una mujer camina dormida
en un libro todavía no escrito.
18. Para visitar el Edén monstruoso de La Rinconada.
19. Para asistir dos veces a una boda feliz.
20. Para cortarme las uñas, a pesar de que en la tumba
sigan creciendo como sonámbulas.
21. Para bañarme en la luz de los ojos bellos de Catalina.
(Y para ir del cenit al nadir de tu deseo)

22. Para sumergirme en el espejo de un río
que recuerda a uno que tenía mi rostro.
23. Para ir a la tumba de mi madre
y dejarle otro ramito de flores silvestres.
24. Para odiar el chaleco de lana que me regaló mi única tía.
25. Para la mano cálida de Natalia que toma mi mano
y me ayuda a ayudarle a Santiago con su red.
26. Para huir de la hiena, asustado.
(Y para verte correr como una pequeña dinosaurio)

27. Para recoger un libro abandonado en una playa de Venecia.
28. Para poner una moneda de oro puro en el vientre del Buddha.
29. Para escuchar el Padre Nuestro en latín que cantan
los Monjes Amarillos, el Pater Noster, qui es incaelis…
que cae de los labios de la Hermana Lucía como una fruta madura.
30. Para soportar el insomnio de mi espalda.
31. Para el abrazo de Sergio.
(Y para tu risa que amo)

32. Para recordar a mis hermanas y hacer cuentas de los días y
de las noches y de los sobrinos que no he conocido, y
que seguramente tendrán encrespados los ojos, como yo.
33. Para tomar café y dejar, otra vez, el cigarrillo.
34. Para ver a uno que camina erecto después de haber pasado
la noche en un nido de serpientes.
35. Para olvidar que me ajusto los pantalones
con la riata de mi padre.
36. Para que Juan sea, otra vez, el hijo amado.
(Y para ir al cine contigo, a la película
de mi mano suelta por ahí…)

37. Para que el alba espere por mí.
38. Para asistir a la incesante traición de Helena, y escuchar
la risa del ciego que la canta.
39. Para envidiar a quienes tienen bonitas las orejas.
40. Para que Pedro construya su iglesia.
41. Para ver al anémico que vive en un alambre, y sufre de vértigo.
(Y para morir en tu pelvis durante
otra noche completa)

42. Para darme cuenta de que me gusta la vida, y olvidar el atardecer
de mi quijada que prefigura la escopeta de Hemingway.
43. Para recorrer esta ciudad que me ha puesto cadenas de hielo, y ha
ocultado su sol para siempre.
44. Para alegrarme de que el frío hostigue al que escribe con lápiz,
porque el tiempo apremia.
45. Para seguir frotando la lámpara que compré, a tan bajo precio,
a uno que dijo llamarse Aladino.
46. Para hacer des-esperar a los gusanos.
(Y para envidiar a la gata pequeña
que duerme contigo…)

47. ¡Ah!, si el aliento me alcanza,
si he hecho bien las cuentas y
no me he granjeado el odio de algún Olímpico…
dentro de doscientos once días cumpliré cuarenta años.

De: Sin el azul del día


Derechos reservados
© Carlos Castillo Quintero

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