Carlos Castillo Quintero

CUENTO - POESÍA - MINIFICCIÓN...

marzo 16, 2012

Esquela fría

Mesalina, 1959, Antonio Saura 
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Por: Carlos Castillo Quintero



Hace veintisiete años vi la ciudad por primera vez. En el Terminal de Transportes el frío se deslizaba —triste— por entre los buses de Rápido Duitama (lasGacelas) y los de Coflonorte. Sentí ese viento gélido sobre el rostro que anticipa la niebla, la aridez: primera maldición con la que cargan estos riscos y que se atribuye a Hunzahúa.
Una muchedumbre rala daba tumbos entre las casetas de tinto, los baños, los puestos de fritanga. Un voceador en muletas con gran algarabía anunciaba la salida de los buses para el Valle de Tenza, y un niño de rostro cetrino y greñas ásperas le competía las monedas. El lotero de ojos zarcos me miró y, atento a las rutas de la fortuna, huyó de mi presencia. Seguí a los que iban hacia la Plaza de Bolívar. Había muy pocos carros y mucha gente melancólica, ida. En el Cenicero reclutas y domésticas amansaban las horas sin mucho afán, tomados de la mano, mirando a hijos ajenos que correteaban a las palomas. El Pasaje de Vargas me recibió: entré a la primera cafetería, a mano izquierda, y una dama pálida, amable pero seria, me sirvió un tinto en un blanco pocillo de Café de Colombia.
Era la primera vez que salía de Miraflores, mi pueblo natal, para no regresar nunca más. Bastó un golpe de vista para saber que aquí, entre esta bruma, la vida era dura: así lo reflejaban los rostros de los pensionados que estaban a mi alrededor, sobrevivientes de la burocracia instaurada por una monarquía politiquera casi analfabeta. Y quizá la vida no fuera dura, pero sí aburrida.
No necesité mucho tiempo para tener pleno conocimiento de los horrores que en esta ciudad de templos y rezanderas se cometen. Había recogido mis pasos hasta el Terminal de Transportes, esta vez en plan de trabajar bajo la autoridad de un paisano, un amigo de mi papá que tenía en arriendo esa ruina. Supe entonces del Farolito, Casa verde y otros lupanares en donde una Mesalina de ojos chinos ofrecía, desde hacía décadas, su cutánea magia. También tuve noticias de que la Universidad era un barril de pólvora alimentado por ideas que bajaban de la Sierra Maestra, viajando sobre el Caribe en casetes de Silvio. La Universidad, a eso había venido aquí.
Encuentros casuales, averiguaciones callejeras y laberintos de frío, me condujeron a la madriguera de los intelectuales y los poetas, lectores compulsivos de Rimbaud, Verlaine y Mallarmé, indiscretos discípulos de Walt Whitman, que subrayaban un ejemplar ajado del Manifiesto Comunista o del Lobo estepario y que en los matices ordinarios de esas lejanas noches hallaban un sentido de vida. Todos creían en la posibilidad de una sociedad más justa, o más poética, por lo menos. Los anquilosados en el Palacio de la Torre no pensaban igual.
La rueca, el Son montuno, Luna de Changó… entre otros nombres simultáneos tuvo aquella madriguera. Los danzantes eran los mismos. Negadores del frío y de Hunzahúa que hacían prolíficas las posibilidades de la palabra, el color, la imagen y las ideas.
Y como un avatar (dice el Diccionario: En el marco del hinduismo, un avatar es la encarnación terrestre de un dios, en particular Visnú) allí estaba, en un extremo, el maestro Germán Villate Santander. Y en el otro, como un íncubo áureo, fumaba el poeta Fabio Ocampo López, tiñendo la noche de una eternidad provisional que era renovada al día siguiente.
Eso fue la ciudad hace más de cuatro lustros —la mía— y hoy ha desaparecido. Quizá se la llevó al infierno la Mesalina de ojos chinos.
La noche ya no tiene esquinas.
El avatar de rasputínica barba y el íncubo fumador están cuadrando cuentas con Caronte, viejo curtido que no cree en las poéticas monedas de papel que le presentan aquellos viajeros.
Hace cuatro días vi la ciudad. Caminé por unos andenes magníficos pensados para que la gente camine. Y me estrellé con una realidad cruda y amarga, sin tensión: la de la politiquería que sigue señoreando, incólume. Solo que ahora no es analfabeta sino que ostenta títulos de maestría, lo que la hace peor. Mientras tanto el reggaetón y otros alucinógenos atraviesan la ciudad: callejón sin muros en el que algunos están atascados, crisis con salida.
También marchan —hacia una noche que desconozco— una cantidad afortunada de mujeres bonitas.
Sé que aquí, en esta bruma, se cultiva una sensibilidad casi legendaria, en conflicto perpetuo con la burocracia, los puestos y los doctores… Sé que esto va a cambiar algún día. Sé que ser optimista es una forma irracional de la inocencia, pero lo soy. Estupidez, dirían otros.
Termino esta estela fría y triste con una de las páginas del Diario de Walter Gripp, escrito en los confines de Marte. Dice:

DÍA DIECISIETE
Ahora que las madres copulan con los fantasmas de sus amorosos despojos.
(Colmena de condenados que asedian los extramuros de la ciudad)
Ahora que huyen ―mudas― con la negada embriaguez de un crimen del que no fueron capaces.
En este instante en el que los sapos adoran a Harry Houdini, con la seguridad de que estarán aquí mañana.
Ahora que es un nuevo día sobre la tierra para que aquellas desesperadas cautiven a los marinos.
En esta hora ciega, anudada con pañuelos negros.
Cuando ya no queda ni la perspectiva de un combate, y el deseo es apenas un muñeco de cuerda, va mi canción fallida:
Dime, ¿qué poema te gustaría escuchar hoy?
Recuerda que los Hathaway  «…noche a noche, sin falta, sin ningún motivo, salen de su casa y miran el cielo».

* * *

Publicado en El Diario, "Libro de Arena"


Se me ocurre que una forma digna de celebrar el Día Internacional de la Mujer es convocando a la poesía escrita, pintada y cantada. Y qué mejor que sea con obras de Jorge Luis Borges, Amadeo Modigliani y Luis Eduardo Aute.

¡Felíz día Mujer!


* * *


Detail of “Woman with a Necklace” by Amadeo Modigliani (1917)


DOS POEMAS INGLESES
Por Jorge Luis Borges (1934)

I.

El inútil amanecer me encuentra en una esquina desierta; he sobrevivido a la noche.

Las noches son olas orgullosas; olas pesadas y oscuras, abrumadas con todos los tintes del despojo, abrumadas con cosas imposibles y deseables.

Las noches tienen un hábito de regalos misteriosos y de rechazos, de cosas a medio entregar, a medio rehusar, de joyas con un hemisferio oscuro.

Las noches actúan de esa manera, te lo advierto.

El oleaje, esa noche, me dejó los acostumbrados retazos y cabos sueltos: algunos odiados amigos para charlar, música para los sueños, y el humear de amargas cenizas. Cosas que no le sirven a mi corazón hambriento.

La gran ola te trajo.

Palabras, unas palabras, tu risa; y tú tan indolente, tan incesantemente hermosa. Charlamos y has olvidados las palabras.

El destrozado amanecer me encuentra en una calle desierta de mi ciudad.

Tu figura que se aleja, los sonidos que van a formar tu nombre, la cadencia de tu risa: estos son los insignes juguetes que me dejaste.

Los pongo de cabeza en la madrugada, los pierdo, los recupero; se lo cuento a un puñado de perros vagabundos y a las pocas estrellas extraviadas de la aurora.

Tu oscura y espléndida vida...



II.

¿Con qué puedo retenerte?

Te ofrezco calles descarnadas, desesperados ocasos, la luna de rasgados suburbios.

Te ofrezco la amargura de un hombre que ha mirado larga y lentamente la luna solitaria.

Te ofrezco mis ancestros, mis muertos, los fantasmas que los vivos han honrado en mármol; el padre de mi padre, caído en la frontera de Buenos Aires, dos balas en los pulmones, barbado y muerto, arropado por sus soldados en el cuero de una vaca; el abuelo de mi madre –apenas veinticuatro años- al frente de una carga de trescientos hombres en el Perú, ahora fantasmas sobre caballos desvanecidos.

Te ofrezco cualquier hallazgo que puedan guardar mis libros, cualquier hombría, el humor que pueda tener mi vida.

Te ofrezco la lealtad de un hombre que nunca ha sido leal.

Te ofrezco ese núcleo de mí mismo que he salvado, de algún modo: ese corazón que no comercia con palabras, que no trafica con sueños, y que no ha sido tocado por el tiempo, por el júbilo, por las adversidades.

Te ofrezco el recuerdo de una rosa amarilla, contemplada al atardecer, años antes de que tú nacieras.

Te ofrezco explicaciones de ti misma, teorías acerca de ti misma, auténticas y sorprendentes noticias de ti misma.

Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el ansia de mi corazón; Estoy tratando de sobornarte con la incertidumbre, con el peligro, con la derrota.

* * *

Desnudo femenino sentado. Amadeo Modigliani (1906)

TWO ENGLISH POEMS
Por Jorge Luis Borges (1934)

I.

The useless dawn finds me in a deserted streetcorner; I have outlived the night.

Nights are proud waves: darkblue topheavy waves laden with all hues of deep spoil, laden with things unlikely and desirable.

Nights have a habit of mysterious gifts and refusals, of things half given away, half withheld, of joys with a dark hemisphere. Nights act that way, I tell you.

The surge, that night, left me the customary shreds and odd ends: some hated friends to chat with, music for dreams, and the smoking of bitter ashes. The things my hungry heart has no use for.

The big wave brought you.

Words, any words, your laughter; and you so lazily and incessantly beautiful. We talked and you have forgotten the words.

The shattering dawn finds me in a deserted street of my city.

Your profile turned away, the sounds that go to make your name, the lilt of your laughter: these are the illustrious toys you have left me.

I turn them over in the dawn, I lose them; I tell them to the few stray dogs and to the few stray stars of the dawn.

Your dark rich life…

I must get at you, somehow: I put away those illustrious toys you have left me, I want your hidden look, your real smile –that lonely, mocking smile your mirror knows.



II.

What can I hold you with?

I offer you lean streets, desperate sunsets, the moon of the ragged suburbs.

I offer you the bitterness of a man who has looked long and long at the lonely moon.

I offer you my ancestors, my dead men, the ghost that living men have honoured in marble: my father’s father killed in the frontier of Buenos Aires, two bullets through his lungs, bearded and dead, wrapped by his soldiers in the hide of a cow; my mother’s grandfather –just twentyfour- heading a charge of three hundred men in Perú, now ghosts on vanished horses.

I offer you whatever insight my books may hold, whatever manliness humour my life.

I offer you the loyalty of a man who has never been loyal.

I offer her that kernel of myself that I have saved, somehow – the central heart that deals not in words, traffics not with dreams and is untouched by time, by joy, by adversities.

I offer you the memory of a yellow rose seen at sunset, years before you were born.

I offer you explanations of yourself, theories about yourself, authentic and surprising news of yourself.

I can give you my loneliness, my darkness, the hunger of my heart; I am trying to bribe you with uncertainty, with danger, with defeat.

Trad. Antonio Camou. Publicado en el Suplemento Cultural del Diario Hoy (La Plata), junio de 2006, en el vigésimo aniversario de la muerte de Jorge Luis Borges.


Tomado de la web de Antonio Camou. Ver:
http://www.antoniocamou.com.ar/DOS%20POEMAS%20DE%20BORGES%20Y%20UNA%20MUJER%20PERDIDA-Camou.htm


* * *

"No levantes ningún muro en tu cuerpo esta noche..."






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Lucian Freud. Naked Portraits

DESPERTAR

En un intervalo del deseo, la mujer lo miró y le dijo que lo amaba. El hombre bajó los ojos, triste, pues en ese instante supo que todo estaba perdido.

–Te amo –repitió ella y él (que también la amaba) se levantó, se vistió y se fue, antes de que aquel sueño se convirtiera en una pesadilla.


* * *
Lucian Freud. Naked Portraits

PURO VICIO

De la mujer no quedaba casi nada. Sin embargo, el hombre la arrebató de la sombra y sació en ella su deseo, como quien repasa una colilla en una yerta noche desolada.


* * * 

Lucian Freud. Naked Portraits
REPLAY

Para seguir viviendo olvidó su nombre, su rostro, su perfume, la impaciencia de sus manos y el cristal de su risa. Se olvidó incluso de olvidarla y así pudo retomar su camino, su vida sin ella.
Años después se encontraron. Ella sonrió y él (sin reconocerla) respondió a su sonrisa, a su abrazo, a su conversación, a la plenitud anhelante de su cuerpo. Y feliz de haber hallado –por fin– a la mujer de su vida, se entregó sin reservas a ese inicuo engaño de su memoria.

* * *
Lucian Freud. Naked Portraits



ENROQUE

Buscaba a un hombre con vicios, un miserable –en el mejor de los casos–; un hombre al que pudiera mirar a la cara sin avergonzarse, uno triste, ido, que no percibiera el perfume siniestro en su piel, la marca inefable de la calle.


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"Red-Haired Man on a Chair", de Lucian Freud (1962-1963)
SAMARITANA

¡Ayúdame! dijo el hombre, acuciado por la asfixia del abandono. La mujer se detuvo, recogió las huellas de su partida, y él sintió que una brisa vital atravesaba su garganta. Pero antes de que pudiera recuperarse, ella sacó de su bolso una navaja y se la clavó en el pecho: “para que respire por la herida” le dijo, y retomó su camino.

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"Naked Portrait 2002", de Lucian Freud
AUSENCIA
Sobre el alma, ese aleteo inútil
de aquello que no fue, ni pudo ser, y es todo.
Fernando Pessoa

Sin el perfume de la que amaba, con el laurel del abandono en su frente y el corazón grapado por la angustia, recorrió la noche, fue y vino con desespero, la buscó sin hallarla hasta que su camino se convirtió en un ciego túnel, hasta que un sol anémico se asomó en los cerros y cayó sobre su rostro que a esa hora ya lucía el rictus siniestro de los desamados.
Quizá a lo lejos alguien soñaba con una mutilada belleza, o cantaba maitines; quizá la ausente ofrendaba su cuerpo inquieto como un río, o sólo dormía, y mientras tanto el hombre, como un pájaro triste, como un ángel olvidado de sus alas, como una fruta podrida pendía de una rama, con el rostro de ella detenido en sus ojos ahora de cristal, con el deseo latente y la inquietud atrapada en sus uñas. Allí quedó: colgado, frío, sin una azucena o un jazmín trémulo para sus labios que todavía repetían el nombre de su ruina.


* * *
De: "Minifalda Express y otros 69 Microrrelatos"
(Árbol del paraíso Ediciones, Bogotá 2011)




Derechos reservados
© Carlos Castillo Quintero




Lucian Freud (Berlín8 de diciembre de 1922 – Londres20 de julio de 2011) fue un pintor y grabador británico, considerado como uno de los artistas figurativos más importantes del arte contemporáneo.
Luego de haberse iniciado en el surrealismo en su juventud, se convirtió tras la Segunda Guerra Mundial en uno de los principales representantes de la pintura figurativainglesa. Especializado en retratos, estos suelen excluir la expresión de sentimientos y los personajes representados aparecen bajo una fuerte luz, y con una carnalidad muy perceptible en el caso de los desnudos.


Pablo Picasso,  "El guitarrista ciego"1903
Chicago Art Institute
Por: Carlos Castillo Quintero

Ese objeto maravilloso, propicio para el viaje y la utopía, emparentado con las secretas propiedades de ubicuidad que concede el azogue, temido, odiado y amado hasta el delirio. Cobijo de la palabra humana pero también de la divina (del que Borges afirma que —siendo cíclico— es un Dios). Señal y continente de la cultura, decorado que confiere dignidad, hoja más temible que el acero forjado por Hefesto, rostro y voz que le hace quites a la indiferencia y en ocasiones se rinde ante el rencor. Entidad de culto. Prueba del humano trasegar al que llamamos Libro.
Ese objeto de estética soberbia que primero fue una tira de bambú o madera, un trozo de seda, pergamino, rollo de papiro en el que los discípulos de Platón vendieron o alquilaron la transcripción de los discursos de su maestro. Que después fue un códice que reunió componentes de diversa índole y procedencia pero escrito y miniado en papel, material resistente y económico inventado por los chinos hacia el siglo I d. C. y que erigió al libro como potente rival del olvido, que es uno de los nombres que usa la muerte.
Ese objeto maldito monopolio de los scriptoria —talleres de los amanuenses monásticos, recreados con maestría por Umberto Eco en El nombre de la rosa— en donde en la alta Edad media los clérigos confinaron y manipularon el conocimiento y la verdad; y que hacia el final de la baja Edad media, gracias a la presión de reyes y nobles cultos, adoptó la forma de libro, todavía manuscrito, pero muy similar al que conocemos hoy, generalmente de un solo autor que trata una materia específica, y que se convirtió en la aceitada maquinaria de papel sobre la que nacieron y crecieron las universidades.
Y es aquí cuando el libro tradicional inicia un vertiginoso viaje de quinientos cincuenta años que van de mediados del siglo XV, con la invención en Occidente de la imprenta de tipos móviles, logro atribuido al orfebre e impresor alemán Johann Gutenberg (1400-1468), hasta el siglo XX en donde la industria editorial alcanza niveles óptimos en materia de producción, diseño, edición, ilustración y comercialización. Así, la publicación de grandes tiradas de libros hizo posible que su precio bajara y se hiciera un producto de consumo popular, convirtiéndose en el principal medio de transmisión de conocimientos, y en la herramienta de sabiduría convocada en la mayoría de actividades, demostrando un poder de permanencia muy superior a otros inventos del hombre.
Pero esta situación tiende a cambiar.
Durante décadas, pero en especial en los últimos cinco años, el mundo ha experimentado una revolución digital con transformaciones que desde la publicación de la Biblia Gutenberg (primer libro impreso con caracteres de metal móviles, del cual entre 1450 y 1456 se publicaron 47 copias) no se tenía noticia, y que pronostican desde la paulatina desaparición del libro tradicional, y la consecuente supremacía del libro en formatos digitales: e-books, e-readers, hipertexto, tableta de lectura, papel electrónico, etc., hasta la introducción de un engendro quimérico que reúna las características más sobresalientes de ambos formatos. Lo anterior equivale —según algunos pesimistas— al final del reinado de la imprenta, y a la ruina gradual e irrefrenable de una era de la Humanidad que duró algo más de 2.000 años y que dio forma a la sociedad tal y como la conocemos hoy.
Pero más allá del enfrentamiento entre el formato tradicional vs. el formato digital del libro, lo que aquí se comienza a discutir tiene que ver con cambios radicales en la forma de ver y aprehender el mundo; formas de leer, escribir y crear que determinan el uso del cerebro. Es decir de qué manera se están dando las conexiones neuronales de los Nativos digitales quienes, sin transición alguna, han ido tomando la capitanía de este trasatlántico que a través de una pantalla luminosa se adentra en las apocalípticas aguas del siglo XXI.
Y es que los cerebros humanos están siendo "masivamente remodelados por el uso intenso de la web y los nuevos medios", así lo afirma Michael Merzenich, neurocientífico y profesor emérito de la Universidad de California, quien en los años 70 comprobó que las experiencias vividas por cada persona modifican sus circuitos neuronales (citado por Ricardo Acevedo en “La evidencia que enfrenta al libro tradicional con la lectura digital”, La tercera.com, junio 17 de 2010). Y esta remodelación, desde luego, implica cambios en la forma de leer.
Miremos algunas opiniones sobre el tema. Daniel Cassany, profesor de Análisis del Discurso en la Universidad Pompeu Fabra, dice: “Los hábitos de lectura no son los mismos ahora que hace una década. La globalización, el predominio de las nuevas tecnologías en el llamado Primer Mundo y la proliferación, sobre todo en la red, de textos sin autentificar son algunos de los factores que condicionan la manera de enfrentarse a un escrito” (Tras las líneas, Anagrama 2006). Desde otra óptica, Roger Chartier, director de la Escuela de Altos Estudios de París, refiriéndose a la crisis del libro tradicional, opina: “Nunca en la historia de la humanidad se han producido y vendido tantos libros como ahora, pero que no podemos sentirnos satisfechos con dichas estadísticas. La desaparición del libro es un tema delicado: significaría la desaparición de la lectura y el fin de la definición de la literatura, asociada al objeto, al decir de Kant” (citado por Hernán Díaz en “La muerte del libro”, Revista Semana, 2007).
De otro lado Jorge Franganillo, Profesor de Información y Documentación de la Universidad de Barcelona, luego de señalar que es falso —y nada nuevo—  el debate sobre la presunta muerte del libro tradicional, señala que “el libro en papel no está amenazado por la llegada del libro digital porque continúa presentando los contenidos de una manera más eficaz que los medios electrónicos. El libro impreso es un objeto perfecto que ha sido sometido a una depuración de más de cinco siglos, durante los cuales se han afinado sus mecanismos textuales” (Diario UNO, octubre 14 de 2009). Sin estar en desacuerdo, no soy tan optimista.
Como colofón, voy a transmitir —a través de la palabra y confiado en su potestad— una imagen del interior del Depósito Municipal de Libros Escolares de la ciudad de Detroit, fechada en enero de 2008, en la cual se observa un salón derruido, con miles de libros y textos de enseñanza tirados por el suelo, desempastados, míseros, abandonados bajo esas columnas tristes, aves desquiciadas que buscan su alma de papel entre las patas de las mesas arruinadas por la oxidación, desolador aspecto de un edificio fantasma que años atrás sirviera como templo del libro y la lectura. No estuve allí: vi la imagen en la web y me dolió. Entonces comencé a escribir esta Misa de muertos para Johann Gutenberg, quien se inventó una raza de hombres comedores de papel y tinta, bradburyanos seres que en sus mochilas todavía guardan leen acarician huelen subrayan y gozan ese objeto maravilloso al que llamamos Libro.


 Emil Nolde, "Máscara Naturaleza Muerta III", (1911)
Óleo sobre lienzo. 74 x 78 cm., Atkins-Museum, Kansas City

Por: Carlos Castillo Quintero

Entre el insomnio y la lectura días atrás se me cruzó la frase “Sobre Hitler no se me ocurre nada”, atribuida al escritor vienés Karl Kraus, y pensé: a mí tampoco. En un marco provisional, a mi lado, colgaba una fotografía de Lucho Buitrago en la que este artista visual retrata un listón que adosado a una pared de adobe sirve de escaparate para que reposen allí 16 machetes y un escoplo. Los machetes están bien organizados, en un orden marcial, y en sus hojas se refleja un trasegar del que es mejor no preguntarse. El escoplo, que es una herramienta de hierro acerado, con mango de madera, de unos cuarenta centímetros de largo, con la punta cónica y afilada, está ubicado a distancia prudencial de los machetes lo que le concede, en ese conjunto, un aire aristocrático. Una toma limpia y, sin duda, una buena fotografía.
La frase de Karl Kraus y la fotografía de Lucho Buitrago me apartaron de la lectura, adentrándome en una reflexión que tiene que ver con el sentido del trabajo del artista y, por ese camino, con ideas quizá ya anacrónicas de lo que hace unas seis o siete décadas se rotuló como Arte comprometido. Y no es que Kraus, quien en 1899 fundó el diario satírico Die Fackel (La Antorcha) del que hasta 1935 aparecerán novecientos números, no tuviera nada que decir sobre Hitler; más bien —creo yo— no le interesaba hablar sobre aquel abyecto personaje, y estaba en todo su derecho (en 1919 había publicado una colección de ensayos en contra de la guerra).
Si un artista en su obra hace referencia directa al conflicto que lo circunda, se dice que ha hecho una toma de posición. Si no lo hace, es posible que se le tache de indiferente, falto a la ética, sin compromiso social... o que simplemente sus pares lo señalen como un cobarde. Así, los primeros, es decir los comprometidos, en contraposición a los segundos serán entonces los valientes. Pero como decía un paisano mío: “Corra hombre que de valientes está lleno el cementerio”, y corría, pero la Señora Muerte —así la nombra Bukowski— fue más veloz y allá lo tiene, tendido, al lado de los valientes. Qué le vamos a hacer.
Quise pensar en la fotografía como en el retrato de un simple escaparate en donde se guardan las herramientas terminada la jornada, pero no pude. Mi ancestro campesino, y mi propia experiencia en las lides agrícolas, me decían que esos 16 machetes y el escoplo (éste, sobre todo) hacía rato servían a otros propósitos. Así, con esa pequeña lámina colgada en mi pared, el fotógrafo estaba pagando su importe como artista comprometido. ¿O quizá era mi ojo el que se empeñaba en ver algo que no estaba retratado? Vaya uno a saber.
En el primer caso Luis Buitrago, el fotógrafo, bien podría decir junto con Bertolt Brecht: “...A mí / que soy consciente de haber dicho la verdad / de los que nos gobiernan, el pájaro fúnebre no necesita / ni siquiera anunciármelo” y se refiere el poeta alemán al desastre, a la guerra de Hitler que en su obcecación quería arrasar con todo y con todos. Así, resulta válido para la poesía la idealización a través de la imagen y, con ella, la repulsa a lo que le es adverso o ignominioso. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿Por qué no desentendernos de la guerra y del conflicto? ¿Por qué no ignorar a Hitler y a sus émulos del siglo XXI, a los guerreadores y bellacos? Diría yo que es mejor escribir, por ejemplo, sobre lo incómoda que resulta en los aviones la presencia de “esos diplomados en empresariales con sus caras / blandas y complacientes, / entrenados para intercambiar, entre ellos, / y entre los demás pobres mortales, sus negocios...” . Para qué replicar por las infamias que hay en derredor si están aquellos referidos viajantes de comercio, a quienes es necesario preguntarles: “¿Por qué no se quedan en casa y se dedican a cuidar / a sus abandonadas esposas y a su bobalicona progenie / idiotizada de tanto ver televisión...?” John Updike, en los versos antes anotados, ya lo hizo.
El poema de Updike al parecer se ocupa de un asunto intrascendente, no se compromete, no se enfrenta a alguno de “los muchos problemas de la humanidad sin resolver” y entre los más urgentes la guerra, tema recurrente en Brecht. En este punto quizá resulte oportuno —para acercar el péndulo hacia la propuesta poética de Updike—  recordar al maestro Estanislao Zuleta hablando sobre la guerra: "Pienso que lo más urgente cuando se trata de combatir la guerra es no hacerse ilusiones sobre el carácter y las posibilidades de este combate [...] Para combatir la guerra con una posibilidad remota, pero real de éxito, es necesario comenzar por reconocer que el conflicto y la hostilidad, son fenómenos tan constitutivos del vínculo social, como la interdependencia misma, y que la noción de una sociedad armónica es una contradicción en los términos". Y quizá la posición de no contradecir a nadie no venda pero, en algunas ocasiones, resulta válida, incluso trascendente. Una posición no comprometida en el arte —si es que es posible— quizá sólo sea la aplicación práctica del enunciado de Rodolfo Llinás referido por García Márquez y según el cual “El cerebro es una máquina para soñar”. Y se sabe que los sueños trazan caminos, baste recordar al innominado forastero de Las ruinas circulares de Borges.
Estas reflexiones, la fotografía de Lucho Buitrago y el insomnio, me llevaron nuevamente a la interrumpida lectura. Se trataba de un compendio de diez miniaturas de crítica de arte escritas por Lucas Ospina. La que había capturado mi atención y en donde se cita la frase de Karl Klaus sobre Hitler termina así: “Sobre los paramilitares no se me ocurre nada. Sobre los guerrilleros no se me ocurre nada. Sobre el gobierno no se me ocurre nada. Sobre los medios no se me ocurre nada.” A mí tampoco.
Termino por donde comencé, es decir por el título: ¡Aquellos que no piensan como nosotros están locos!, frase del Emperador Justiniano I El Grande en un texto en el que se refiere a la Santísima Trinidad . Disiento del Emperador (hoy venerado como santo por la Iglesia Ortodoxa) y de todos aquellos que se atenazan en sus posiciones —de izquierda, de derecha, o intermedias—  y me quedo con los locos, con los no comprometidos, con los que les hacen poemas o minificciones a las señoras muertas que en los aviones, con discreción, acomodan al lado de los inocentes viajeros como en Servicio a bordo, uno de los cincuenta agujeros negros de Roberto Rubiano Vargas. Y no estoy loco, creo.


  

enero 31, 2012

Comer prójimo

"Mujer caníbal con niño" . Escultura de Lheonard Kern
Por: Carlos Castillo Quintero


Prójimo. (Del lat. proxĭmus). m. Hombre respecto de otro,
considerados bajo el concepto de la solidaridad humana.

Prójima. f. coloq. Mujer de poca estimación pública
o de dudosa conducta.

DICCIONARIO DE LA REAL ACADEMIA

Que el mundo está lleno de envidiosos, intrigantes, resentidos y bellacos no es ninguna novedad; redescubrirlo, sin embargo, no deja de ser fastidioso. Me refiero a esa tropa de inútiles que están pendientes de quién tiene, hace, dice o escribe algo para escupir su ponzoña.
A este asunto alude el filósofo Emile Cioran en una carta dirigida a su amigo y traductor Fernando Savater (fechada el 10 de diciembre de 1976), en la que sustenta por qué razón se niega a escribir sobre Borges, ese monstruo magnífico y condenado. Dice Cioran que el célebre escritor argentino “Merecía algo mejor. Merecía haber permanecido en la sombra”. Porque un autor al que todo el mundo cita, bien sea para apoyarse en él, para exaltarlo, o para rebatirlo, está condenado a ser el banquete gratuito de una infinita e infame lista de apestosos comensales. Porque “la consagración es el peor de los castigos”, afirma el filósofo de la podredumbre, áureo perfume que exacerba el apetito de hienas, chulos y otras especies carroñeras inhábiles para atrapar su propia comida, reconocimiento, o celebridad. “No asome la cabeza, mijo  —advierten las abuelas en mi pueblo natal— porque se la bajan”. Así somos.
Y ese vicio de “Comer prójimo” —en el sentido literal, pero también en el metafórico— es una tarea que se cumple, con juicio, desde hace milenios. La Literatura, notaria del trajín de los hombres y los dioses, da testimonio de ello.
Ovidio en las Metamorfosis narra, entre otras ingestas, el banquete de hijos que se prodiga Cronos. Y si se tienen ganas de pesadilla, brujas caníbales abundan en los cuentos infantiles. Baste recordar la que se dedica al engorde de Hansel, mientras obliga a Gretel, la hermanita del cebado, a que se ocupe de limpiar la casa.
¿Por qué la bruja —me pregunto— se quiere comer al muchachito, y no a la niña? ¿Será que también hace parte de la Real Academia Española de la Lengua que establece tan radicales diferencias entre uno y otra? Ya que, como queda bien claro en el epígrafe del presente escrito, para esa Academia —vaya uno a saber por qué— una cosa es el prójimo y otra muy diferente la prójima. Puede inferirse entonces, que una comida de prójimo tiene que ver con la solidaridad humana (¡Cómase un amigo, sea solidario!), mientras que un banquete de prójima es muy distinto, y mucho más nutritivo a mi manera de ver.
Otra comilona literaria en donde el plato único son los seres humanos, es la de los náufragos de Las Aventuras de Arthur Gordon Pym (1838), novela de Edgar Allan Poe donde cuatro supervivientes dejan que el azar decida quién de ellos debe sacrificarse para que los demás coman. Pasa igual con unos silenciosos, aristocráticos y mutilados seres de Chesterton, en un perturbador cuento en donde los asiduos de un exclusivo (aquí adquiere toda su dimensión esta palabra) club londinense comparten un secreto destino: han coincidido en un naufragio y cada uno, cumpliendo con un pacto de ultramar, ha entregado alguna de sus extremidades como alimento comunitario, único requisito para acceder a esa membresía.
Más crudo y directo es “La carne” (Cuentos fríos, 1944) breve relato del cubano Virgilio Piñera, en donde el protagonista ante la escasez y carestía de la carne de res, un día decide cortarse un pedazo de nalga y lo pone en el asador. El delicioso aroma atrae a sus vecinos y horas después todos preparan suculentas cenas con su propia proteína. En el Silencio de los inocentes (1988), novela de Thomas Harris, de la que conocemos la saga de películas protagonizadas por Anthony Hopkins encarnando al macabro Dr. Hannibal Lecter, el canibalismo se erige muy cerca de las bellas y delicadas artes.
Roberto Rubiano Vargas, en Nouvelle cuisine (Cincuenta agujeros negros, 2008)  —acabada pieza de relojería literaria— lleva hasta el paroxismo el placer de la mesa y si bien no especifica el menú del prestigioso restaurante al que va su protagonista, sí deja muy claro que allí se desencadena, a diario, una cacería de gentes y que algunas de ellas posiblemente terminan en la olla.
Otro colombiano, el poeta Juan Gustavo Cobo Borda, prefiere los metafóricos placeres de la Necrofilia (así titula su poema), dice: “Una de sus características era lograr que cualquier / nueva relación terminase conviviendo con los cadáveres / de sus antiguos fracasos sentimentales… / Por ello todas las cartas de amor y desamor quedaban / promiscuamente confundidas en la misma caja y todas / las fugas hacia la dicha concluían en la ciudad ya visitada…”. Es decir “comer del muerto”, así éste sea el propio corazón amante.
No se puede omitir la súplica que en el Diario de un Loco (Lu Xun, 1918) deja plasmada su paranoico protagonista, dice: Tal vez existan niños que aún no han comido carne de hombre. ¡Salvad a los niños!
Y para terminar —luego de estas literarias y literales comilonas de prójimo— retomemos la putrefacción incubada en el alma de los envidiosos que devoran a sus semejantes usando su redomada lengua, para lo que invoco la ayuda de Jotamario Arbeláez, el sobreviviente príncipe del nadaísmo, quien en una de sus recientes columnas publicada en El Tiempo clama, ora, exclama, llora un par de renglones a los que algunos bien podríamos acogernos. Dice el poeta caleño:
"No le deseo el mal a nadie, ni siquiera al Mal mismo ni al Maldito que lo reparte. Sólo que me hago de lado cuando pasa un mal viento. Escribo como un ángel con las plumas que arranco de mis dos alas, y me río de los críticos que apuntan que no sé hacer un verso, cuando el palacete que habito lo levanté con mis premios de poesía." Amén.



Convocatoria a Escritores de Cuento 
(Para publicación de Libro)

La Fundación Cultural Libro de Arena y Árbol del Paraíso Ediciones convocan a escritores colombianos, o extranjeros residentes en el país desde hace cinco años, a que presenten uno o varios textos en el género de CUENTO con el objeto de conformar un libro antológico, de acuerdo con las siguientes BASES:

Género: Cuento

Tema: el tema es libre. Sin embargo se privilegiarán aquellos textos que narren la ciudad, con preferencia Bogotá.


Extensión: de 5 a 15 páginas, tamaño carta, escritas en Times New Roman de 12 puntos, espaciado de 1.5. cm, márgenes de 3x3x3x3.
Nota: cada escritor puede presentar uno o varios cuentos, siempre y cuando no superen las 15 páginas.


Forma de envío: los textos deben enviarse por correo electrónico a:  delparaisoediciones@yahoo.es 
Se recomienda tener especial cuidado con la presentación ortotipográfica de los cuentos.

Cronograma: 
  • Envío del textos: del 28 de enero hasta el 28 de febrero de 2012.
  • Lectura por parte del Comité: del 28 de enero hasta el 11 marzo.
  • Publicación de resultados: los textos y autores seleccionados, se publicarán en el 12 de marzo de 2012 en el blog de la Fundación Cultural Libro de Arena (http://fundacionlibrodearena.blogspot.com/) y en el de Árbol del Paraíso Ediciones (http://arboldelparaiso.blogspot.com/).
  • Primer Taller de edición con los Autores seleccionados: sábado 17 de marzo, a las 3 p.m. (el lugar de reunión se dará a conocer a los seleccionados, vía correo electrónico).
  • Segundo Taller de edición con los Autores seleccionados: sábado 24 de marzo, a las 3 p.m. (Aquí se define la conformación final del Libro).
  • Publicación del Libro: sábado 7 de abril de 2012.
  • Lanzamiento: en el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2012.
Cómo participar: 

Los escritores interesados en vincularse a este proyecto deben enviar un correo electrónico a delparaisoediciones@yahoo.es adjuntando lo siguiente:


1. Reseña biográfica (15 renglones) que incluya: nombres y apellidos, edad, estudios, trayectoria literaria (publicaciones, premios...), dirección y teléfono, correo electrónico y ocupación actual.


2. Archivo de word, con los cuentos: de acuerdo con las especificaciones establecidas anteriormente.


3. Pago: recibo de consignación (escaneado) por valor de $65.000,oo (Sesenta y cinco mil pesos M/C)., a favor de Carlos Castillo Quintero, Representante Legal de Árbol del Paraíso Ediciones y responsable del proyecto (Banco AV Villas, Cuenta de Ahorros No. 70127759-2).


NOTA IMPORTANTE: esta consignación le confiere a cada autor el derecho de que sus cuentos sean leídos y evaluados. El grupo editor, como un aporte a la formación de los escritores que envíen sus textos, hará las recomendaciones que crea pertinentes.


Los autores seleccionados tendrán derecho, además, a participar en los dos Talleres de edición que estarán a cargo de escritores colombianos de reconocida trayectoria.


Para la publicación del libro, los autores seleccionados, adicional a los $65.000 ya consignados, deben hacer un aporte de $235.000,oo (Doscientos treinta y cinco mil pesos M/C), que les da derecho a recibir (05) CINCO EJEMPLARES del libro. 



BENEFICIO ADICIONAL: los escritores que hayan estado vinculados a los Talleres Palíndrome de la Fundación Cultural Libro de Arenao que hayan cursado y culminado satisfactoriamente el Taller de Cuento "Ciudad de Bogotá", o el Taller de Narrativa R.H. Moreno Durán tendrán un descuento (sobre este último pago) del 10%.

Árbol del paraíso Ediciones es una empresa colombiana, registrada en la Cámara de Comercio de Bogotá, con Matrícula Mercantil  No.02173854. Así mismo cuenta con registro en la Cámara Colombiana del Libro.


Si tiene alguna duda escriba a:
delparaisoediciones@yahoo.es