noviembre 03, 2008

OFICIO DE DIFUNTOS

"La muerte de Casagemas" - Picasso,1901

Para Pablo E. i.m -Yuto, Chocó, Julio 28


I.

Y si recogieras tu voz cristalina para preguntarme 
madre querida qué hay de nuevo por estos días,
tendría que contarte que como bestias seguimos arando en la niebla
preparando la tierra para la desolación.

Te diría que tu otro hijo, en una tarde desdichada
perseguido por el agua triste de los condenados
con una moneda atravesada en sus labios se fue a un país lejano
olvidando la tristeza de su corazón
que dejó extendido como una roja luna sobre la cordillera.

Y no tendría aliento para contarte
que en esta casa que hiciste con tus manos
arribamos a la noche y sin molestarnos por cambiar los tendidos
nos recostamos en el mismo lecho en donde nuestras mujeres
copulan con los asesinos.

Pero tú no preguntas 
madre querida porque ya estás muerta,
y yo no quiero contarte para que no sufras
no te digo nada de este cielo torcido del porvenir.


II.

Puede suceder que apenas acallado el combate le veas bajar
cabalgando sobre su muerte como sobre una yegua salvaje,
con su cabellera mecida por el viento montaraz
y un rumor de agua resbalando en sus dedos.

Y que te salude con la fuerza del que custodia la noche,
y la luz promisoria que sólo sus ojos podrían a pesar de las lágrimas.

Quizá no comprendas entonces que sobre su piel, la irredimible tristeza, como la salmuera oculta en los senos de las muchachas,
le ha despojado para siempre de sus afanes.

Y de seguro, vas a repudiar su humilde manera de entrar en el crepúsculo con su leve inventario de amortajado,
renunciando para siempre al hogar, al lecho, al pan,
a la herida de vivir que ya no asedia
porque para ti también todo ha terminado,
ahora, cuando apenas enmudece la sombra,
y te ves bajar por el frente de tu casa
cabalgando sobre tu muerte como sobre una yegua salvaje.


Derechos reservados
© Carlos Castillo Quintero
 
 

0 comentarios:

Publicar un comentario

.

.
Haga CLIC sobre la imagen